Rev Chil Neuro-Psiquiat 2001; 39(4): 354-358

DR. ANDRÉS HEERLEIN 
Presidente 
Sociedad de Neurología,Psiquiatría y Neurocirugía.

Nota del editor: Durante el 56 Congreso Anual de la Sociedad de Neurología,
Psiquiatría y 
Neurocirugía el Prof. Dr. Otto Dörr fue nombrado “Maestro de la Psiquiatría Chilena”. A continuación presentamos el discurso de homenaje a cargo del Dr. Andrés Heerlein.


Autoridades, estimados colegas, queridos socios:

La Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía me ha encomendado la honrosa tarea de presentar hoy, aquí en Pucón, a nuestro nuevo Maestro de la Psiquiatría Chilena, el Prof. Otto Dörr Zegers. Antes de dar inicio a esta “Laudatio” creo conveniente señalar que la vastedad y diversidad de intereses y actividades desarrolladas por el Dr. Dörr durante su exitosa carrera sólo permiten acoger en estos minutos un breve resúmen de los principales hitos de su biografía. Que por favor me disculpen de antemano todas aquellas personas, obras o situaciones que no alcancemos a mencionar hoy.

Otto Dörr nació en Curicó un 25 de Diciembre de 1936, como hijo del Dr. Otto Dörr Valck y la Sra. Teresa Zegers. Sus primeras vivencias se relacionan con el mundo rural de los campos de Curicó y con un sinnúmero de experiencias campesinas. Ya en sus primeros años intenta controlar al mundo equino, haciéndolo primero en forma virtual, para luego pasar al caballo real. A sus primeros años Otto va a desarrollar un profundo amor por el campo, los cerros y la naturaleza, a los que no va a abandonar hasta la actualidad.

En 1942 ingresa al Instituto San Martín de Curicó, donde realizará sus preparatorias y el inicio de las Humanidades. En 1951 se traslada a Santiago para continuar sus estudios en el Colegio San Ignacio. En 1954 logra la aprobación de su Bachillerato con un puntaje sobresaliente, anticipando así un destino académico brillante. La elección del estudio de Medicina no puede haber sido casual, ya que la rama paterna de la familia había permanecido durante varias generaciones muy proclive a esta disciplina. Gracias a su excelente puntaje de egreso escolar, el entonces alumno O. Dörr tuvo la oportunidad de acceder al estudio de Medicina en la Universidad de Chile, institución que lo acompañará por el resto de su brillante carrera. De acuerdo al testimonio fotográfico los años del joven estudiante de medicina parecen haber transcurrido entre pabellones de anatomía, libros de fisiología y lecciones de semiología, dejando muy poco espacio para la necesaria compensación de la juventud. Sin embargo, una breve estadía en Estados Unidos nos revela a un estudiante de tercer año totalmente distinto, entregado a la vida, lleno de curiosidad y plenamente dispuesto a olvidar ­por unos breves momentos­ a sus exigentes profesores.

De regreso en Chile comienzan a desarrollarse sus intereses primordiales, cuales son, por un lado, una profunda vocación por la teoría y la práctica de la medicina, incluyendo tanto sus fundamentos científicos como sus aspectos sociales, y por otro, un cada vez mas profundo interés por la Filosofía. Tal es así que en 1957 inicia en forma paralela a la Medicina, el estudio de Filosofía. Sumergido profundamente en el estudio de los autores pre y post-socráticos, el interno Dörr logra cumplir cabalmente con sus responsabilidades médicas, finalizando puntual y exitosamente la carrera de medicina en 1961.

Había terminado una importante etapa de su vida, pero, considerando la amplia gama de intereses que ya había desarrollado, se enfrentaba al difícil dilema del como encauzar su futuro profesional. Sin embargo, olvidamos mencionar que ya durante el estudio de la medicina, el Dr. Dörr había iniciado sus primeros acercamientos al mundo de la Psiquiatría, en un momento donde ésta recién comenzaba a escribir sus primeras páginas de terapias realmente eficaces. Hablamos de la época brillante de Jean Delay, de Wolfgang Kuhn o de William Cade, quienes habían abierto el camino hacia una psiquiatría científica. Fue así como el flamante Dr. Dörr inicia una beca de formación Psiquiatrica en la Universidad de Chile, en 1961. Sin embargo, su espíritu inquieto y su insaciable curiosidad científico-humanista lo llevarían por rumbos totalmente novedosos, imposibles de predecir.

Pero antes de continuar, permítanme un breve raconto:

Ya durante su época de estudiante de medicina O. Dörr regresaba habituálmente en tren desde Curicó, tras visitar a su familia en fin de semana. En una oportunidad, en el trayecto de Teno a Santiago, el tren se detuvo en forma rauda e imprevista, en medio del campo, sorprendiendo a todos los pasajeros. ¿Cuál era la razón para dicha detención? Atónito, Otto Dörr veía por vez primera subirse al tren a la que sería su esposa y compañera, quedando perenemente ligado a ella. Fue así como se conocieron Carmen Alamos y Otto Dörr, dando inicio a una espléndida biografía conyugal, familiar y social. Esta romántica y sorprendente historia ­termina y comienza a la vez­ con la celebración de su matrimonio, en 1962.

Tal vez hayan sido Carmen y el inminente matrimonio lo que lograba retener en Chile a este médico-viajero por naturaleza, quien inicia su primer viaje a España pocos meses después de contraer nupcias.

Y, retomando la senda de la Psiquiatría, el Dr. Dörr logra convertirse en pocos meses en uno de los alumnos mas aventajados del Profesor Juan José López Ibor (padre), Catedrático de la Universidad de Madrid y Presidente de la Asociación Mundial de Psiquiatría. Durante este período participa en el Curso sobre “Historia de la Medicina”, que imparte el Prof. Pedro Laín Entralgo. La estancia en España de la flamante pareja queda plasmada en la siguiente imagen, que nos habla de un progresivo acercamiento Todo indicaba que el Dr. Dörr iba a completar su brillante ciclo en tierras castellanas. Sin embargo, las raíces profundas de sus ancestros deben haber movilizado al destino para interceder en favor de Alemania, tierra de connotados psiquiatras y filósofos. Y es así como el Dr. Dörr llega en 1963, a trabajar inicialmente a la Clínica del Prof. Ruffin, en Freiburg, y luego a culminar su formación de Psiquiatra en la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Heidelberg. Naturalmente el Dr. Dörr conocía los antecedentes de esta prestigiosa clínica, habitat de figuras tan connotadas como Wilhelm Griesinger, E. Kraepelin, K. Jaspers, C. Schneider o Hubertus Tellenbach, profesor, gran amigo, guía y mentor de nuestro homenajeado. Lo que en ese momento Otto Dörr no podía saber era que, entre 1963 y 1966, iba a tener la oportunidad de trabajar codo a codo junto a H.Häfner, D. Janz, W. Bräutigam o H.Kisker y el propio H. Tellenbach, principales artífices junto a H.Hippius de la Neurología, la Psiquiatría y la psicoterapia alemana moderna. En ese mismo período estableció profundos lazos de amistad con A. Kraus, H. Lang o su querida Frau Dr. Spinner, con quienes logra establecer una larga e imperecedera comunicación transcontinental. Pero tal vez sea Tellenbach la figura que más profundamente penetra en el alma del joven Dr. Dörr, convirtiéndose en su gran amigo y en uno de sus discípulos mas aventajados.

Observamos entonces que Otto Dörr no perdía su tiempo en tierras teutonas, absorviendo con sana voracidad la substancia académica que le proporcionaba la Universidad mas antigua de Alemania, aprovechando además de desarrollar otros intereses, como lo son la música, la literatura, su muy querida filosofía, las ciencias, etc. Gracias a la complicidad del destino llega a contactar figuras notables del ámbito científico, como lo es, por ejemplo, la del premio nobel de física Werner von Heisenberg, padre del “Principio de Incertidumbre”, entre muchos otros. También lo vemos aquí junto al presidente de Alemania, H. Lübcke. En el interín, la familia Dörr Alamos había crecido en forma considerable, con la llegada de los hijos Otto, Cristián, Carmen y Anneliese. Habiendo repletado sus valijas con nuevos conocimientos, destrezas, inquietudes y bondades culturales, el Dr. Dörr regresa en 1966 junto a su familia a Chile para trabajar junto al Prof. Prinz von Auersperg en la Universidad y en el Hospital Psiquiátrico de Concepción. Permanece en esta ciudad por tres años, recibiendo la visita de su querido mentor H. Tellenbach. En 1970 la familia se traslada a Santiago para que el Dr. Dörr se reencuentre con su “Alma Mater”, la U. De Chile, que le ofrece un cargo de Profesor Auxiliar en la Clínica Psiquiátrica Universitaria. Aquí debe dirigir el Policlínico, el Pabellón de Varones y, actuar de Director suplente de la misma. Junto a connotados psiquiatras nacionales, como lo son los Drs. Rafael Parada, Max Letelier y Sergio Peña y Lillo, entre otros, el Dr. Dörr colabora con el desarrollo de ese pretigioso centro formador. Para muchas personas, este grupo de colegas logran llevar a ese centro académico a uno de los momentos mas célebres su historia, con un evidente efecto osmótico sobre las nuevas generaciones. Sin embargo, en 1976 el ahora Prof. Dörr, a raíz de la intervención de la Universidad y de la Clínica, renuncia a su cargo, trasladándose como interconsultor e investigador al Instituto de Neurocirugïa e Investigaciones Cerebrales de Santiago.

Entretanto, Otto Dörr llevaba 12 años como miembro titular de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía de Chile, participando activamente como Director de la misma y como Co-Editor de la Revista Chilena de Neuropsiquiatría.

Junto con ello colaboraba en forma significativa la desarrollo internacional de nuestra Sociedad.

Sus publicaciones, conferencias y trabajos clínicos le habían hecho acreedor de un sólido prestigio internacional, siendo nombrado en 1974 miembro correspondiente de la Sociedad Peruana de Psiquiatría, Neurología y Neurocirugía, en 1975 miembro del Consejo Editorial de la Revista “Psicología Médica” de Buenos Aires y en 1978 “Profesor Extraordinario Extranjero” de la Universidad de Madrid.

Pero no olvidemos que al Dr. Dörr lo anima un espíritu de viajero indomable. Asi es como en 1978 regresa con toda su familia, a la que se habían agregado las hijas Susana y Josefina, a la Universidad de Heidelberg, su segunda alma mater. Aquí se desempeña como Jefe de Clínica, realizando docencia en las Facultades de Medicina y de Psicología. Nuevamente se encuentra con su querido mentor Hubertus Tellenbach, con quién colabora en el posicionamiento internacional de la Fenomenología y de la corriente antropológica de la Psiquiatría. En este período el Dr. Dörr aprovecha la oportunidad para empaparse del mejor espíritu europeo, realizando sendas visitas a Italia, Francia y otros países. Así también, aprovecha para sumergirse en el mundo de la sociabilidad y de la música, iniciando estudios de flauta traversa.

Permanece bajo la tutela del Prof. W Janzarik, discípulo de C. Schneider, hasta 1982, regresando con su recien nacida hija Constanza a nuestro país. No obstante, aprovecha su estadía en Alemania para completar su Doctorado en psiquiatría y su aprobación como Neuropsiquiatra y psicoterapeuta alemán.

Sin duda la cariñosa despedida del Dr. Dörr da cuenta de la profunda amistad que siembra en su largo camino por tierras europeas.

Tras su regreso a Chile el prof. Dörr es reconocido como una autoridad internacional en diferentes temas de la especialidad, siendo llamado por el Profesor Mario Gomberoff a ocupar un cargo de Jefatura del Sector 3 en el entonces Hospital Psiquiátrico de Santiago, hoy Instituto José Horwitz Barak. El Prof. Dörr recompensa con creces este llamado, permaneciendo fiel a esta institución hasta el dia de hoy. En 1990 -91 ocupa la Jefatura de la Catedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina, Campus Sur, siendo reconfirmado como Profesor Titular de la Universidad de Chile en 1991.

Durante este período se acumula un importante número de publicaciones nacionales e internacionales, que van a recibir el reconocimiento internacional de múltiples autoridades de la psiquiatría mundial. Entre ellas destacan la publicación original de un caso de bulimia nervosa, bajo el nombre de “Síndrome de hiperfagia y vómito secundario en la mujer joven”, editado por primera vez en la Revista de Neuropsiquiatría en 1972, vale decir, siete años antes que lo hiciera el autor inglés Gerald Russel, considerado erróneamente como el descubridor de esa entidad nosológica. Y como la justicia llega, en 1994 la revista “International Journal of Eating Disorders” reconoce que fue nuestro estimado maestro quien describiera por vez primera dicho trastorno. Por éste y por muchos otros logros, la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía le otorga, en 1994, el Premio por “Aportes Extraordinarios a la Especialidad”. Pero este no es el único premio que debiéramos mencionar. El Prof. Dörr ha obtenido un sinnumero de premios y distinciones, nacionales e internacionales, que, por razones de espacio, no podemos detallar hoy. Sólo resta decir que, desde 1961, el Dr. Dörr ha sido miembro titular de cuatro Sociedades Nacionales y de siete Sociedades Internacionales, y ha sido nombrado además Miembro de Honor de las Sociedades Peruanas, Argentinas y Españolas de Psiquiatría. En 1986 recibe el premio anual del Instituto de Estudios Humanísticos de Chile y en 1992 el Premio Intrnacional de Psiquiatría, otorgado por la Fundación “Dr. Margrit Egnér”, vinculada a la Universidad de Zürich, Suiza. En 1999 es elegido Miembro de Número de la Academia de Medicina del Instituto de Chile, ocupando dicho cargo hasta el dia de hoy.

En el ámbito editorial, realizó diversas labores, dentro de las cuales destacan su dirección de la Revista de Neuropsiquiatría, la participación en el Comité Editorial de notables Revistas, como son las Actas Luso-Españolas de Neurología y Psiquiatría, o Acta psiquiátrica y Psicológica de América Latina. Es autor de mas de 80 publicaciones originales en Revistas nacionales e internacionales, 8 capitulos de libros nacionales y 18 artículos de libros internacionales, 16 publicaciones en revistas nacionales de difusión científica o cultural, como son la revista “Vida Médica” o el Suplemento “Artes y Letras” de El Mercurio, etc. Pero tal vez la cima de su obra psiquiátrica se materialice a través de la publicación de los libros “Psiquiatría Antropológica”, en 1995, y “Espacio y Tiempo Vividos”, en 1996. En ambos casos se trata de textos originales de gran formato, facilitando a estudiantes, profesionales médicos, psiquiatras y filósofos el acceso al complejo mundo de la Fenomenología y de la Psiquiatría Antropológica, especialidades que el Dr. Dörr domina como pocos en el mundo. Estos libros concentran gran parte del pensamiento y de la obra de Otto Dörr, y constituyen un valioso aporte de cultura, ciencia y filosofía integradas. Tal vez sea el libro “Psiquiatría Antropológica” el que sintetiza de mejor forma la vastedad, complejidad y profundidad de su obra psiquiátrica. En este excelente texto se estudian las complejas relaciones existentes entre el fenómeno del delirio y la verdad, entre la esquizofrenia y la interpersonalidad, entre la depresión y la fenomenología de la corporalidad, entre la histeria y la epilepsia, entre la anorexia y la interacción familiar o entre la temporalidad y la conducta adictiva. En forma ejemplar el Dr. Dörr nos revela el problema de la interpersonalidad en el proceso psicoterapéutico, apoyado en el enfoque fenomenológico-existencial y en la analítica existenciaria de Martin Heidegger. Toda esta magnífica obra culmina con un brillante análisis de los complejos problemas existentes entre la personalidad y la psicopatología, entre la normalidad y la anormalidad. Es aquí donde se encuentran plasmadas las principales contribuciones del Profesor Dörr a la Psiquiatría y la Psicoterapia, concentrando en forma clara y sucinta el rico universo de su pensamiento antropológico-existencial.

Retomando un antiguo camino olvidado, en 1996 Otto Dörr se reencuentra con los escritos del poeta alemán Rainer María Rilke, abocándose con pasión a la difícil tarea de traducir del alemán sus diez elegias, tres réquiem y la Canción de Amor. Dicha labor se ve culminada con la presentación del texto “Las Elegías del Duino” de Rilke, traducido brillantemente por nuestro querido maestro, quien nos revela en esta obra nuevos y desconocidos rincones de su alma. La capacidad comprensiva del lector se ve aquí ampliamente compensada por la notable sensibilidad del traductor, quien logra mostrarnos en toda su dimensión la enormidad y profundidad del complejo mundo interior de Rainer Maria Rilke.

Sorpresivamente aparece ante nosotros una nueva faceta del Prof. Dörr. En este nuevo trabajo nos revela una gran sensibilidad estética, que trasciende con creces la de los mas avezados traductores. No se trata de una nueva dimensión de la persona Otto Dörr, sino de un redescubrimiento de la misma persona, de un reencuentro. Porque ya en sus primeros escritos publicados en la Universidad de Heidelberg en los 60, Otto Dörr comienza a dearrollar tímidamente su amor por la obra de Rilke. Este amor lo va a acompañar a lo largo de su carrera, culminando en una formidable presentación sobre “Las Elegías del Duino” al ingresar como miembro de número a la Academia Chilena de Medicina.

Considerando esta faceta, y todo lo mencionado antes, creemos que el Dr. Otto Dörr es un sobrado merecedor del título de Maestro de la Psiquiatría Chilena. Pero, a sobra de méritos, no quisiera finalizar esta presentación sin destacar su trabajo clínico y docente. Porque Otto Dörr transgrede las leyes básicas del mercantilismo. Con sus cualidades y prestigio y tras largos años de ejercicio clínico, el Dr. Dörr podría haber hecho abandono hace ya mucho tiempo del Sistema Público, para abocarse por entero a sus múltiples y variados intereses, o bien, para satisfacer las no despreciables necesidades de una familia numerosa.

Sin embargo, desde su primer regreso a Chile en 1966 el Dr. Dörr nunca dejó de trabajar en el Sistema Público de Salud, entregándose por completo a sus pacientes y a la docencia de sus alumnos. Prueba de ello son sus largos años de trabajo clínico en el Hospital Psiquiátrico, junto a los mas humildes, y siempre rodeado de estudiantes de pre o post-grado. Así fue como fueron creciendo, bajo su alero, connotados colegas que hoy ocupan importantes cargos en la psiquiatría nacional. Así también fue como muchos psiquiatras conocimos acerca de las bondades de la aproximación antropológica de la psiquiatría, de las ventajas del examen clínico riguroso, de la importancia del ser, tanto en psiquiatría como en medicina. Son estas cualidades las que nos llevan hoy a entregar, en forma unánime, esta distinción, para quien solicito entonces un muy merecido aplauso colegial.

Muchas gracias

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